El Santo Grial
La tradición del Grial
nace en el contexto de la literatura artúrica como el objeto divino hacia cuya
búsqueda deben encaminar sus pasos los caballeros del Rey Arturo. Dicha
búsqueda se conoce como La búsqueda o demanda del Santo Grial. Hay
que separar con claridad lo que son las fuentes primarias de la leyenda del
Grial de las subsecuentes interpretaciones posteriores. Las fuentes
principales del Grial son el Perceval o el cuento del Grial de
Chretien de Troyes, el Pársifal de Wolfram von Eschenbach y el ciclo
de la Vulgata del maestro Gautier Map. Estas fuentes se sitúan
entre los años 1194 y 1230 aproximadamente, pero se basan en un entramado
de leyendas y relatos celtas mucho más antiguos: los echtrai irlandeses, el Mabinogion galés.
Éstos, en general, parecen relatar, de manera simbólica, la pérdida de un
estado de inocencia original y comunión del hombre con la tierra que habría
coincidido (o supuesto) el fin del matriarcado y las sociedades comunales. Algunos estudiosos, como
Malcolm Godwin, quieren identificar esta pérdida con hechos reales
acaecidos a finales del Neolítico, en que en Europa existían diversas
tribus matriarcales asentadas y pacíficas cuya forma de vida se vio
violentamente coartada por oleadas de tribus guerreras y violentas
provenientes de Asia. Estos sucesos habrían quedado en la memoria colectiva
y adquirido una dimensión simbólica en la mitología celta y finalmente
habrían recibido un tinte cristiano en manos de Chrétien de Troyes, Wolfram
von Eschenbach y otros autores. Así, esta conquista original de las tribus
europeas por parte de las provenientes de Oriente se identificaría, por
ejemplo, con la pérdida del Paraíso Terrenal y, en lo referido al Grial,
éste se identificaría con lo femenino y con la tierra (más concretamente,
el Grial es símbolo del seno materno y de la vulva femenina). Esta obra francesa
inacabada dejó paso a numerosas terminaciones en muchos casos
inconsistentes entre ellas. Los elementos de esta novela con relación a la
leyenda son, de una parte la caracterización de Perceval como
caballero que se ve envuelto sin saberlo en la demanda del grial y el castillo
del grial custodiado por caballeros que sirven al rey del grial
o rey pescador. Este libro refleja la
tradición alemana que luego inspiraría la ópera de Wagner. La historia
presenta grandes paralelismos con la tradición francesa aunque tiene
elementos específicos de la misma. Esta fuente, fuertemente
influida por los escritos de Bernardo de Claraval presenta la demanda
del Santo Grial imbricada
dentro del universo artúrico, enriqueciendo la tradición con otros
elementos como una descripción del origen y significado del Grial. Según
esta fuente, el cáliz habría pertenecido al servicio de mesa de José de
Arimatea, un rico comerciante judío, que según la tradición, organizó la
Última Cena. José de Arimatea habría
solicitado a Poncio Pilatos que se le entregara el cuerpo de Jesús (a quien
hizo enterrar en una tumba de su propiedad) y la lanza con que fue herido
(que quedó en su poder, junto con la copa). Como José era un rico
comerciante, en un viaje de negocios habría llegado hasta Albión (isla
mitológica que se identifica con Gran Bretaña). Allí se quedó a vivir y
levantó la capilla de Glastonbury. Al morir José de Arimatea
se dice que se fundó la Orden del Grial para custodiar las reliquias. En la
época del rey Arturo el guardián de las reliquias era Sir Pelles. Balin
quiso robar las reliquias a Pelles y se batieron en un duelo pero al perder
su espada Balin ante Pelles tomó la lanza sagrada y le hirió, pero
inmediatamente el castillo se derrumbó debido a la profanación de la
reliquia. Las reliquias
desaparecieron de la Tierra hasta que un caballero puro de corazón las
encontrara. Ese fue Galahad, quien al morir se las llevó al Cielo. Una tradición aragonesa
cuenta que el grial fue guardado y utilizado por los apóstoles en
Jerusalén. De allí habría pasado a Antioquía, llevado por san Pedro.
Posteriormente se habría trasladado a Roma, donde fue usado por 23 papas
hasta el pontificado del griego san Sixto II. Este papa (que ejerció el
papado durante un año, desde 257 a 258), asustado por la persecución
romana, lo envió a Huesca (España) custodiado por el joven diácono Lorenzo
para que fuera escondido en las lejanas montañas de Aragón. Diversos lugares
aragoneses marcarían, según esta leyenda, la ruta del Santo Cáliz: la cueva
de Yesa, San Pedro de Siresa, San Adrián de Sásabe, San Pedro de la Sede
Real de Bailo, la catedral de Jaca y, hacia 1071, en el monasterio de San
Juan de la Peña, en donde se dice que permaneció hasta que en 1399 el rey
Martín I se llevó el vaso sagrado al palacio de la Aljafería de Zaragoza,
donde estuvo más de veinte años, después de una breve estancia en
Barcelona, acompañando al rey. En el año 1424 el Cáliz
habría sido trasladado al Palacio Real de Valencia por orden de Alfonso el
Magnánimo, que agradecía así su ayuda al reino de Valencia en sus luchas
mediterráneas.
Historia
El Perceval de Chrétien
El Pársifal de Eschenbach
Ciclo de la Vulgata
Leyenda española
En 1437 la sagrada
reliquia fue entregada al Cabildo Catedralicio en nombre de su majestad,
como donación, y allí habría permanecido durante siglos, excluyendo
necesarias excepciones como las guerras napoleónicas o civiles, así como
dos visitas de regreso a San Juan de la Peña en los años 1959 y 1994. En el museo de la catedral
de Valencia se conserva un vaso de calcedonia (piedra semipreciosa) de 7 cm
de altura y 9,5 de diámetro (con un pie con asas añadido posteriormente),
que ha sido identificado como un posible Grial. Científicos españoles lo
han fechado en torno al cambio de era (siglo I), pero no procedería de
Jerusalén, sino de un taller de Antioquía. Incluso dos Papas (Juan Pablo II
y Benedicto XVI), en viajes que hicieron a Valencia, usaron este cáliz al
celebrar sus Misas multitudinarias. Esto se considera un apoyo de la Iglesia a favor de la autenticidad de
esta reliquia, aunque jamás ha sido formulado un comentario oficial. Varios cálices se reputan
como los posiblemente auténticos griales de la Última Cena. Entre ellos,
además del de Valencia, el Cáliz de Antioquía de la Colección Cloisters del
Metropolitan Museum of Art, o la Sacra Catina de Génova. El grial no tendría
fundamentos bíblicos, sino que se trataría de una leyenda medieval de
origen incierto transmitida oralmente dentro del conjunto de tradiciones de
la literatura artúrica y fijada luego por escrito. Dentro de esas tradiciones
el grial está representado como un objeto espiritual que da la salud.
Posteriormente han aparecido otras interpretaciones:
Otros significados del
Grial
En cuanto a la
interpretación simbólica, una teoría propuesta por Peter Redgrove y
Penélope Shuttle ve en la imaginería del Grial un símbolo de la matriz
femenina y del ciclo menstrual. Existen en los relatos ciertos detalles que
sostienen esta teoría. En francés, el significado del santo grial puede
cambiar "sangreal" o en traducción libre "la sangre
real".